No hay nada para hacer...
Desde acá, sentada en un banco perdido de mi facultad, escribo. Escribo porque no tengo otra cosa mejor que hacer, porque no presto atención. Escribo porque mi cabeza necesita organizarse, escribo porque no estás acá para ayudarme a olvidarte y escribo porque no estás acá para ayudarme a que todo sea como antes. No pretendo que con esto pueda entenderme, pero ya lo dije, escribo casi inconcientemente, sabiendo que soy mi única, propia y exclusiva lectora, porque escribo y se mezclan narrador, protagonista y lector, y yo solo pretendo, quiero, deseo (fuertemente cerrando los ojos) que el lector, protagonista y narrador sea otro.
La ignorancia a veces es preciosa.
La ignorancia a veces es preciosa.



<< Home